CAPITULO 3
(Punto de vista de Bruno)
“El amor es el peor enemigo que puedes hacer en la vida"
En la vida solo he estado enamorado dos veces , y puede que hayan salido mal.
La primera vez fue la peor.
Dicen que el primer amor no sé olvida, supongo por lo bueno o lo malo, en este caso siempre lo recordaré.
La primera vez que me gustó alguien tuve poca confianza para confesarlo, era el más simpático de toda la clase, el más agradable con todos.
No pensaba en confesar mi amor y cuando lo hice creí que iba a ser rechazado, pero al contrario.
Aún recuerdo que fue un día lunes en el cual él tenía tantas cosas que hacer, ya que era uno de los mejores estudiantes y la mayoría de maestros confiaban en él para todo, era el tercer secundaria así que supongo que todos buscaban la forma de pasar el año.
No sabía cómo hacerlo, decirle que me gustaba personalmente o no, al final me convenció la idea de una carta.
La había escrito la noche anterior y tarde demasiado pensando las palabras correctas para soltar ese peso de mi.
La segunda hora después del descanso fue la elegida para hacer la entrega de mis sentimientos, me sentía muy nervioso tanto que podía sentir mis pies débiles.
En un momento en el que salió por un encargo del profesor lo detuve en la puerta y le entregué la carta.
Al momento solo recibí una sonrisa y se dió la vuelta para salir, después de un rato volvió,no sin antes ir con el profesor,después se dirigió a su lugar y al pasar un momento fue al mío y me dejó una nota en un papelito.
“muchas gracias, de verdad, y claro podríamos salir algún día” junto a una cara feliz tratando de ser simpático, lo cual ya lo era por naturaleza.
No puedo explicar la emoción que sentí en ese momento, tan solo leerlo me hizo sentir feliz, así que lo leí más veces, tantas que la cuenta se perdió comparada con mi felicidad.
La primera vez que salimos fuimos a una plaza, e hicimos lo típico de una salida, o una cita, fuimos por un helado, fuimos al cine para ver una película que a ambos nos gustaba , luego fuimos a un centro comercial en dónde nos sentamos a platicar, nos llevó casi toda la tarde, al llegar a casa me sentía muy feliz, nunca creí que podía llegar a hablar con él y ahora había salido con él.
Después de eso comenzamos a hablar todos los días , desde la mañana a la noche.
Los días se convirtieron en semanas y estás en meses, al pasar cinco de ellos y unas cuantas salidas más a las que me gustaba llamar citas, hizo una propuesta que no esperaba.
—¿Quisieras ser mi novio?—
Emocionado y sin creerlo de verdad respondí que sí.
Esperaba que fuera la mejor etapa de mi vida
No me culpo, eso esperaría cualquiera de una persona como él, cualquier persona en un momento así, o eso creí.
Al inicio fue lo mejor que te pudieras imaginar, cada una de las citas en parques de diversiones y cada paseo nocturno a altas horas de la noche en plazas.
Una cita cada fin de semana se volvió nuestra rutina.
Todo era igual a un sueño
Después de los primeros 9 meses comenzó a comportarse diferente, lo notaba distante, ya no era tan afectuoso como solía serlo, antes al caminar juntos su mano buscaba la mía por instinto, después solía adelantarse.
Había veces en las cuales solo se limitaba a los “Buenos días” al despertarnos incluso algunos no recibían respuesta.
Nuestras discusiones se volvieron más constantes y densas, por alguna razón comenzó a molestarle todo lo que hacía o trataba de mi, dejamos de salir cada vez más hasta que sólo salíamos una vez al mes
Comencé a preguntarme por qué este cambio tan repentino, trataba de entender qué sucedió para que no fuera el mismo, si había hecho algo mal.
En las cenas que teníamos solía preguntarle sobre su semana , como se sentía, que planeaba hacer y demás para deshacerme de la tensión que surgió entre nosotros.
Después de semanas soportando este peso en mi mente en la última cena que compartimos no pude guardarlo más, y por fin pregunté
—Necesito saber qué está pasando — dije, poniendo mi tenedor sobre el plato.
—No eres el mismo de antes, ¿que sucedió?. ¿Hice algo mal?
Quedamos en silencio, él mirando su plato con comida y yo mirándolo esperando por una respuesta
—No eres tú —respondió finalmente, con una voz fría como si no tuviera ganas de hablar. —Solo… estoy cansado.
—¿Cansado de qué? ¿De mí? —pregunté, sintiendo un miedo de que la respuesta fuera un “si” o cualquiera que pudiera terminar con todo lo que teníamos ,o que algún día tuvimos.
Él solo desvió la mirada del plato a un lado, tratando de no mirarme, como si no tuviera sentimientos
—No. Cansado de fingir. —Soltó y pude notar la forma en confesarlo.
“Fingir” Esa palabra resonó en mi mente por los siguientes meses
—¿Fingir qué? —logré susurrar mirándolo casi sin poder hablar.
—Pretender que esto es lo que quiero.—dijo volteando a mi y alzando la voz, en ese momento no lo reconocí. —La verdad, no sé realmente qué es lo que pensaba cuando esto empezó.— El mundo se detuvo por un instante. Recordé lo que me había costado confesar mis sentimientos y la felicidad que sentí con la nota , su propuesta y todas aquellas citas que tuvimos.
—Me usaste —dije soltando un pequeño suspiro. Me sentía vacío.
—No te usé —respondió
Sin alguna razón deje la mesa y salí de su casa, trate de no mirar hacia atrás pero lo hice ,Así vi como lo mejor de mi vida se desvaneció cuál arena entre mis manos .
Los días después de esa noche fueron los peores. No salía de la cama y raramente salía. Me distancié de las personas que amo por miedo, no sabía a qué tenía realmente miedo.
Hubo gente que realmente me apoyó, uno de ellos fue Sebastián, él fue el primero el cual me conoció en mi momento más frágil, al cambiarme de escuela fue la primera persona en hablarme.
Si tuviera que describirlo en una sola palabra sería amable.
Siempre tiene una idea o manera de solucionar las cosas cuando van mal, siempre está ahí para ti cuando lo necesites y entrega todo por sus amistades.
Es curioso que para conocer la siguiente vez que me enamore tengo que mencionarlo.
Después de casi año y medio conociendólo algunos de sus amigos me invitaron a una fiesta sorpresa que estaban planeando por su cumpleaños.
Acepté de inmediato.
No pensaba perderme aquella fiesta por nada.
El día de la fiesta llegué un poco tarde, o eso creí al ver gente dentro celebrando a seb.
No recordaba que tuviera tantos amigos.
Al entrar me encontré con Alex, uno de los amigos que organizaron esto. Me agrada, es muy bueno en las carreras que organiza la escuela.
—quiubo Brunoo, buenos días.— dijo gritando de emoción y con sarcasmo.
—hola, ¿llego tarde?, veo que ya estás pedo.— dije señalando dentro de la casa de Seb que estaba abarrotada de gente.
—Claro que no, como tardarán en llegar con Sebastián quise comenzar un poco antes—dijo invitándome a entrar con él.
Al entrar no reconocí a casi nadie, solo a algunos de mi clase que creí jamás había visto hablar con Sebas.
Después de un rato llegaron el hermano de Sebastián y el, este vendado de ojos para no descubrir la fiesta antes de tiempo, al quitárselos se sorprendió al ver a todos y escuchar gritar “sorpresa”
Luego de la emoción comencé a disfrutar de la party, había gente bailando de un lado mientras que del otro platicaban, había gente hasta en la entrada y en el jardin.
Cuando ví a Sebas descansando un poco me acerque para felicitarlo, se emocionó demasiado al verme y entregarle el regalo que compré para él, cotorreamos por un rato hasta que lo llevaron para jugar “beer pong” en ese momento me quedé solito y después de tomar lo que claramente era jugo con vodka sentí que necesitaba un poco de aire.
De repente recordé que había visto gente salía por una puerta, parecía el jardín así que salí.
Una vez afuera creí que no había visto bien ya que no había nadie ahí, a excepción de alguien.
Era un chico que nunca había visto , era de cabello castaño; vestía un suéter azul y un pantalón gris algo holgado, estaba sentado en una de esas sillas que hay en los jardines de los barrios ricos
—¿Importa si me siento?—pregunté con un tono relax.
— No .—contestó sin apartar la vista de su celular
Ya con su aprobación me senté un poco alejado para no joder, permanecimos en silencio por un momento hasta que preguntó.
—¿Eres amigo de seb?— note como si forzara esa pregunta.
—si, bueno lo conozco de casi dos años, supongo que si.—
Seguimos hablando por un momento hasta que vimos cómo Seb salía y se unía a la conversación.
Esa fue la primera vez que me encontré con él, en la fiesta de Sebas.
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